Joaquín Sabina – Vinagre y rosas (2009)
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¡Qué difícil, flaco!
Vinagre y rosas, con más rosas que vinagre, es lo que nos entrega Joaquín Sabina en su último trabajo. Debo reconocer que me ha sorprendido; quizá haya sido porque mis expectativas eran bajísimas, pero el Flaco se ha sacado unas cuantas (no todas) de bastante nivel.
Primera premisa: elimina tus prejuicios. Alivio de luto y Dímelo en la calle eran muy flojos (¿cuántas canciones se salvaban de la quema?). 19 días y 500 noches es una obra que no será capaz de repetir, ni aproximarse. Así que abre tu mente y que Tiramisú de limón no te lleve a engaño, porque Crisis, Nombres impropios o el Blues del alambique, son otra historia (mucho mejor, por supuesto).
Segunda premisa: es Sabina. Que quede claro. No esperéis evoluciones, ni que cante mejor, ni que cambie su ‘rollo’ o su lenguaje. Sigue haciendo lo mismo de siempre (intentando firmar una genialidad en cada verso), sólo que, esta vez, le ha salido un poco mejor. Eso sí, chirría oírle hablar de dealers, drogas y análogos cuando todos sabemos que ya no se mete nada (¿o ha vuelto a las andadas?). Qué impostura, Quino.
Tercera premisa: tener un caramelo de café o el skip de tu reproductor cerca, porque tiene canciones agotadoras, aburridas, inocuas y alguna insulsa. El inicio es soporífero con Tiramisú y Viudita (zzZZzzZZzz…). Después el disco va ganando en dignidad (varios skips mediante) con Agua pasada y Embustera, hasta llegar a la citada Nombres impropios, a partir de la cual, el disco roza el notable (antes, aprueba muy muy raspado).
Y yo que quería dejar de comprar discos tuyos... ¡Qué difícil me lo has puesto, Flaco!
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